Comida

Imagínese estar en el mercado de Nanchital, rodeado del aroma de bollitos de elote recién hechos, cuando de repente te das cuenta de que hemos estado participando en el experimento científico más grande de la historia sin siquiera saberlo. 

Ultra-Processed People: Why Do We All Eat Stuff That Isn't Food... and Why Can't We Stop? (2023) Dr. Chris van Tulleken

Chris Van Tulleken, médico con más agallas que sentido común, decidió alimentarse exclusivamente de alimentos ultra procesados durante un mes para demostrar lo que muchos sospechábamos: que esa cosa crujiente y adictiva que comemos no es comida.

Los resultados fueron tan predecibles como encontrar tráfico en la caseta de cuota en viernes, en cuatro semanas engordó seis kilos, desarrolló ansiedad, durmió como el demonio y, lo más perturbador, sus escáneres cerebrales mostraron cambios idénticos a los de un adicto a las drogas, en resumen, su cerebro empezó a comportarse como si las papas fritas fueran heroína.

La industria de alimentos ha perfeccionado la fórmula exacta para hacernos adictos: la combinación precisa de grasa, azúcar y sal que activa nuestro cerebro primitivo como si hubiéramos encontrado el árbol frutal infinito del Pleistoceno, es el equivalente gastronómico de un Ferrari sin frenos: diseñado para el placer y el morir.

Estos "alimentos", son en realidad "sustancias comestibles diseñadas industrialmente" que contienen ingredientes que nunca encontrarías en una cocina normal; emulsificantes derivados del petróleo, colorantes que harían sonrojar a un arcoíris y azúcares con nombres tan largos que necesitamos doctorado para pronunciarlos.

México solía ser el paraíso de la comida real, tacos al pastor preparados en la esquina, tamales envueltos por manos que llevan décadas perfeccionando la masa, salsas que llevaban tres generaciones de secretos familiares, ahora, por cada puesto de tacos hay tres Subways, cuatro Domino's, cinco McDonalds y un KFC con un "pollo" que probablemente nunca vio la luz del sol.

Van Tulleken nos revela la conspiración perfecta: estas sustancias comestibles están diseñadas por científicos con batas blancas y negras intenciones para activar exactamente los mismos circuitos cerebrales que las adicciones severas. No es que carezcamos de fuerza de voluntad; es que estamos luchando contra laboratorios enteros dedicados a hacernos incapaces de decir que no.

Lo brillante del libro es cómo desenmascara la usurpa, esos "ingredientes" con nombres impronunciables: maltodextrina, jarabe de maíz de alta fructosa, aceites parcialmente hidrogenados, no existían en la despensa de mi Abue, ella no tenía un frasco de E621 junto al comino.

México ahora es campeón mundial en obesidad infantil, y no porque nuestros niños hayan perdido súbitamente el autocontrol. Es porque hemos cambiado mercados por supermercados, fondas por franquicias, y recetas centenarias por fórmulas patentadas diseñadas en Nuevayol.

La verdad es incómoda y devastadora: la mayoría de la “comida” es producto industrial disfrazado de alimento, optimizado para el beneficio corporativo, no para la salud humana. Estamos pagando por envenenarnos lentamente, mientras las corporaciones cuentan su billullo y los puestos de garnachas van cerrando uno por uno.

Hasta pronto
nanche curtido

Dr. Chris van Tulleken

Comida real

Comida ultra procesada



Comentarios

  1. Ramón Olán Ruízjueves, febrero 19, 2026

    Asi es querido hijo todo ha sido un cambio generacional alimenticio y social,por cierto negativo.

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    1. Muchos avances positivos, pero manufacturar comida no lo es.

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  2. Cómo siempre... Un verdadero placer y honor leer tus publicaciones... El Tzararácua y yo te mandamos un abrazo...

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  3. Gracias por leer, esos tacos del Tzararácua sazonados con sudor de Einstein!

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  4. Cuanta verdad. Somos afortunados de comer tamales de una cocinera de ixhuatlan

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  5. Te mando un abrazo primo me encanta leerte.

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